Poderosidad

PoderosidadInspirado en el artículo de Roberto R. Bravo


Por muchos años, yo Eduardo Martí, me vi usando con frecuencia este extraño vocablo. En cada uno de mis cursos y talleres salía con mucha naturalidad y también contundencia. Yo sabía lo que quería decir y quienes la escuchaban hacían su esfuerzo por comprenderla. Claro, al menos llamaba la atención, y daba lugar a explicarla. El término aludía a la urgente necesidad de desarrollarla. No es posible que hayan empresas y equipos de trabajo poderosos constituidos por individuos débiles. Se hace imperioso que desarrollemos nuestra Poderosidad. Hoy día, el término es una marca registrada de Forja Consultores. Su uso era tan nuestro que una de las formas de apoderarnos más de ella era registrándola. Y ese era nuestro propósito de empresa: desarrollarla en los individuos y sus organizaciones.

Pero, ahora bien, se nos hace dificil poder hablar de Poderosidad sin poder definirla. Es por eso que a finales de los años 90 le pedí a un gran amigo filósofo, de una cultura asombrosa, y quien compartía de vez en cuando algunos proyectos con Forja, que investigara y escribiera algo que nos sirviera de soporte para hablar de la Poderosidad con mas propiedad. Ese trabajo nos ayudó mucho, y lo que aquí te presento es un resumen de lo elaborado por el magistral Roberto R. Bravo.

El término remite indudablemente al diccionario, ya que si lo escuchas reconocerás que lo haces por primera vez. Al menos en los actuales momentos, nos explicaremos en el curso de este escrito. La consulta del diccionario confirmará lo que ya seguramente  sospechas: el término no está allí. Tu curiosidad, sin embargo, revelará que hay más términos en un buen nutrido diccionario del español que en el de la Real Academia, lo que posiblemente habrás confirmado ya en otras ocasiones.

Uno de los componentes culturales más resaltantes, y de más inmediata y profunda identificación, es la lengua. Reconocemos instantáneamente a un compatriota en un país extranjero, más que por los rasgos faciales o los gestos, por el habla. Bastan unas pocas palabras, oídas quizás accidentalmente, para sentirnos identificados con un acento, una pronunciación, un uso peculiar del lenguaje, que conllevan toda una serie de otras identificaciones: educación, costumbres, saberes compartidos. En una palabra caben tradiciones, antiguas y recientes, así como una manera propia y peculiar de ver el mundo, de sentirlo. No es sorprendente que la lengua sea el elemento más resaltante de la cultura.No es de extrañar, pues, el celo con que las instituciones se empeñan en conservar los legados culturales. Sobre todo, tratándose de algo de la importancia de la lengua. Por eso, el Diccionario de la Real Academia le va a la zaga al uso del idioma. Tiene que ser así. Ya es notable el empeño puesto en fechas recientes para actualizar y ampliar el registro de vocablos y del variado uso del español en las últimas ediciones.Por eso no encontrarás la palabra en cuestión en el diccionario, ni aun, en este caso, en otros más voluminosos que el de la Real Academia, más abiertos a la inclusión de nuevos vocablos, ya que el término es de creación demasiado reciente, incluso para éstos.

Es notoria la flexibilidad de un idioma como el inglés, no sólo para la invención de nuevos términos, sino para adoptar palabras y giros cualquiera que sea su origen, con tal que satisfagan las necesidades comunicacionales de quien lo usa, frente a las posiciones más rígidas del francés o el español, por ejemplo, que en aras de una supuesta conservación de la “pureza” de la lengua rechazan en principio préstamos y neologismos. El idioma inglés (para el que no existe una institución como la Real Academia Española) no deja de ser inglés porque encontremos en él palabras y expresiones francesas, españolas, alemanas, italianas o polinesias, o porque sea constantemente modificado conforme a las exigencias expresivas de la tecnología moderna. Tampoco pierde, por ello, valor como lengua literaria. Una razón importante para el actual predominio mundial de esa lengua no es sólo que los avances científicos provengan mayormente de países angloparlantes (esto es sólo cierto parcialmente) sino su incuestionable flexibilidad expresiva.

Una muestra del carácter vivo de las lenguas es la que casi a diario dan sus usuarios de manera natural, inventando nuevos modos de expresarse, empleando el lenguaje no como patrón de rígidas estructuras, sino moldeándolo, recreándolo, potenciándolo como instrumento de comunicación. Esto no sólo sucede de manera gradual e imperceptible en el habla cotidiana, sino también, notablemente, en los ámbitos científico y tecnológico, así como en áreas de trabajo e investigación cuya creatividad e inventiva requieren de términos de nuevo cuño para expresar nuevas ideas. La palabra poderosidad es un ejemplo de ello.

—– —- —- —-

Poderosidad habla de Poder y de Capacidad

—– —- —- —-

Su morfología sugiere inmediatamente poder, pero no poder como cosa actual, presente, sino la capacidad o la habilidad para ejercerlo. Sugiere una potencia dormida. A diferencia de potencialidad que remite a potencia, fuerza y poder, pero poder presente y activo, poderosidad alude sutilmente a la posibilidad de ponerlo en uso. Con vigor, con eficacia.

Porque, así como la potencialidad se desata en un arranque súbito de energía, la poderosidad es energía contenida, pausada, dosificada. Es el poder para actuar, pero permanente, cuya fuerza no emerge a raudales sino en cauce controlado, como un instrumento útil de quien sabe aprovecharlo produciendo un efecto constante, sin agotamiento. Una máxima del antiguo arte de la guerra es no mostrar nunca toda la fuerza al adversario. Un principio de la actividad eficiente debería ser no exhibir nunca todos los recursos de que se dispone; darse oportunidad de renovar la fuente mientras la fuerza fluye con suavidad pero con firmeza.

—– —- —- —-

Poder para actuar permanente que crece como toda habilidad

—– —- —- —-

La actividad empresarial, comercial, industrial, de servicios, es una parte importante de la sociedad: aporta bienestar al ser humano. Permite el desarrollo de actividades nobles: el pensamiento creador, científico y artístico; favorece el cultivo de las ideas al asegurar en un complejo entramado de relaciones el substrato en que se asienta la supervivencia. Y es también la base de un nutrido intercambio social y personal, orientado al conocimiento del otro y, como consecuencia, al mejoramiento de sí mismo. Así lo entendió Lao Tse, quien fue, además de filósofo, bibliotecario y secretario. A quien, como él, ha entendido el valor de la actividad humana y su importancia social. No le importa qué puedan opinar de él quienes no lo conocen. Sabe bien quién es y quiénes los demás, y conoce el poder benéfico que ejerce. Tiene poderosidad.

Un calificativo inventado por la filosofía contemporánea para el estudio de las relaciones entre términos, de donde han derivado importantes consecuencias para el conocimiento de las paradojas, es el de heterólogo. Designa toda palabra o concepto que no se aplica a sí mismo. Así, larga no es una palabra larga, y el concepto hombre no es él mismo, un hombre. Sin embargo, el concepto abstracto es el mismo, abstracto, y la palabra corta es corta. Éstos son términos autólogos. Creemos que puede afirmarse que poderosidad es un término dotado de poderosidad, sin que de ello derive ninguna paradoja.

—– —- —- —-

Poderosidad: es la Capacidad y el Coraje que tenemos de desplegar todo nuestro poder de Acción


—– —- —- —-

Cuéntanos qué es para ti Poderosidad.
Nos encontramos el próximo Miércoles

{ 3 comments… leer a continuación o añadir uno }

Eduardo 9 septiembre 2009 en 9:28 AM

“Poderosidad”. La palabra misma genera un sentimiento que la define sin contradicciones.

aida 24 septiembre 2009 en 2:37 PM

Interesante artículo. “Poderosidad”., sustantivo que, en este caso, representa a otro, “Poder”…interesante.
Si bien está definida la Poderosidad o el Poder como la Capacidad y el Coraje que tenemos de desplegar todo nuestro poder de Acción, hacer cosas y hacer posible que sucedan, se me hace pertinente distinguir, Socrática-ontológicamente hablando, que el poder no es una declaración que hacemos por el si (ser) mismo, más por el juicio que de ese sí(ser) mismo hace el mundo allá afuera, quien nos constituye en poderosos o en poderosidad, a partir de las acciones que somos capaces de acometer. Gracias Forja consultores por este provocador artículo. Lo voy a seguir en el blog.

Anna 15 enero 2010 en 12:14 PM

Todos somos poderosos porque todos tenemos alguna capacidad de hacer y provocar algo. Cuando algo sucede y cambia por que lo hicimos nosotros es porque usamos nuestro poder.
Esta bueno esto
Anna

Déjanos tu comentario

Post anterior:

Siguiente post: